Pensando sobre la mente

Voy a tocar un tema que me interesa bastante: psicología, y más específicamente, Análisis Transaccional (TA).

Para cualquiera es evidente lo necesario que es el contacto social. Lo es, y mucho. Se podría decir que tenemos “hambre” de alguna clase de estímulo. Desde que nacemos, necesitamos el estímulo, sobre todo, maternal, para saciar nuestra hambre. Es como el hambre de comida. De hecho, no saciar nuestro hambre de estímulo puede traer las mismas consecuencias que las de no comer: enfermedades, degeneración celular, muerte. No estoy jodiendo. No cabe duda por qué hasta los más duros convictos temen al confinamiento solitario. A esta necesidad, se la suele resumir en una frase: “if you don’t get stroked, your spinal cord will shrivel up” (más o menos, “si no te acarician, se te encogerá la medula espinal”). Sí, es rara la frase, pero en TA les gusta usar frases que suenen como del habla cotidiana. En fin.

Claro, estas caricias que sacian nuestro hambre de estímulo de pequeños cambian cuando crecemos. No necesitamos la misma clase de “caricia”. Es más, se podría decir que pasamos de “hambre de estímulo” a “hambre de reconocimiento”. Con el solo hecho de que alguien reconozca nuestra existencia y presencia, nos sentimos un poco satisfechos. Y no hablo de que alguien “sepa que existo”. Pero, un saludo, un “¿como andás? ¿que contás?”, y nos sentimos más aliviados (…¿sera el momento correcto para recordarles que comenten?). No quita que otros tipos de “caricias” (pun intended) sean más deseables, o nos hagan sentir mejor que un mero “hola”. Pero el punto es, necesitamos atención. Al punto de ser vital. Y claro, si no hay buena atención, la mala atención es mejor que nada.

Podemos establecer una mínima medida de interacción social: la transacción. Un saludo, “hola”, es una transacción. Ejemplo burdo pero suficiente. Claro, una transacción puede ser más larga y compleja. Y mientras más lo sea, normalmente más saciará nuestra hambre de reconocimiento.

Uno puede clasificar a las transacciones en varias maneras, pero quiero que nos abstraigamos un momento de la transacción en sí y pensemos un poco en quien las realiza. ¿Cómo es esa persona? ¿Acaso todas las transacciones con esta persona serán iguales, es necesario que sigan un patrón? Bueno, no exactamente UN patrón. Pero por lo general, tres, dependiendo del “estado del ego” en que se encuentre. La división de estos es, a grandes rasgos, Padre, Niño, y Adulto. Nótese las mayúsculas para destacar que son estados, y no definen a la persona. Todos, sin excepción, tienen un Padre, un Niño, y un Adulto.

¿Qué son cada uno de estos? El Padre es aquel estado en el que actuamos como nuestros propios padres hubiesen actuado. Usualmente, o firmes y autoritarios, o amorosos y consentidores. No son mutuamente exclusivos, pero dependiendo de la situación, a uno le despertará una u otra personalidad. Cuando estamos en el estado Niño, actuamos como solíamos hacerlo en nuestra niñez. Esto también tiene dos caras: o libre y desafiante, o adaptado a las reglas. Cabe destacar que no hay un lado “bueno” y uno “malo”, pero cada uno trae sus ventajas y desventajas. Por último, el Adulto, no tiene una caracterización o división particular: disfruta de sus reacciones espontáneas, bien pensadas.

También hay que aclarar que no hay un estado mejor que otro. El Adulto es crucial para la supervivencia, con su pensamiento objetivo y productivo. El Padre le ahorra tiempo al Adulto, que debe calcular cada acción, tomando decisiones rápidas, y además cumple una función importante a la hora de la crianza. Y, bueno, solo es necesario imaginar la vida sin el Niño para ver por qué lo necesitamos: él nos brinda la creatividad.

Volviendo a las transacciones, está claro que se las puede caracterizar por el estado del ego en el que uno se encuentra al realizarla. Pero, las interacciones son de dos personas, por lo que se supone siempre hay una respuesta. Y al esperar una respuesta, uno dirige su transacción a un estado del ego del receptor. Por ejemplo, gritarle a alguien “¡sos un inútil!” es, desde el Padre, apuntar al Niño. Idealmente, este responde como se lo espera (“si, lo se…” sería una respuesta Niño-Padre). Si lo hace, las transacciones, llamadas complementarias, pueden seguir infinitamente, ya que son psicológicamente complacientes. No es necesario que sea cómodo para uno u otro participante, siempre y cuando sean complementarias, no hay problema.

Ahora, puede estar el caso en que no responde como es deseado. Por ejemplo, “¡no te atrevas a hablarme de esa manera!”. ¿Qué transacción sería? Exacto, Padre-Niño. Acá, las transacciones se cruzan. Cualquier transacción no complementaria se la considera “cruzada”. En este caso, las transacciones no son estables. Esto solo puede terminar de dos maneras: o alguien cede y cambia su posición a una que sea complementaria, o las transacciones se quiebran.

Uy, que largo se me hizo…bueno, creo que cubrí varios puntos hoy. La próxima vez que retome el tema, hablare de lo que se llaman “juegos”.

Claro, depende de ustedes que siga el tema. Si querés que lo haga, manda JUEGOS al 238106…ah, no, cierto que no…pero en serio, si quieren este o cualquier otro tema, dejen un comentario. Y si quieren enterarse cuando salga el próximo, pueden suscribirse vía RSS. Ah, y si les gustó, digan “Me gusta” con el widget de FB.

Los dejo por hoy con la intrigante mente humana.

Zeba, el blogger al que se le esta encogiendo la médula

P.D.: si entendieron por qué 238106, escriban algo “codificado” en un comentario

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Autor: ZebaSz

Un joven multi-entusiasta, geek, aficionado por la música, y otros

3 comentarios en “Pensando sobre la mente”

  1. wau, q barbaro! esta bueno esto de la psicologia…ahora, apra mi lo q provoca los diferentes estados es la persona con la cual estas interactuando. NO es lo mismo un amigo, tu jefe, tu novio o tu vieja. Aunque puede q cn todos tengamos el mismo estado (q en ese caso creo q tenes un problema) yo creo q de algun modo es el “quien” el q te hace reaccionar de distintos modos…

    1. Sí, pero no. TODOS tenemos los 3 estados, y los usamos todos, pero de acuerdo al contexto. También influye nuestra personalidad, y nuestro desarrollo de cada uno de los estados.

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