A un extraño, con mil(es) grullas

Un homenaje.

El viernes 8 de junio de 2012 fue un día normal. Salvo que Eriko Tsai murió. Un estudiante de 5º 1ª, turno mañana, del Colegio Nacional de Buenos Aires. No era famoso, ni notable para el vulgo en ningún aspecto. Era un chico, con amigos y familia, y una vida. El viernes 8 de junio de 2012 a la tarde, a los 17 años de edad, perdió esa última.

No podemos decir que haya sido predecible. Pero tal vez no soy el más indicado para contar, no sé mucho de él. Sé que ese viernes fue a clase como los otros días, pero se sintió mal, y lo llevaron al servicio médico. De ahí, al hospital. Y ahí…bueno, no hay forma agradable de decir “paro cardíaco”, así que “tuvo un paro cardíaco” tendrá que servir.

No, no lo conocí. Tal vez lo vi, pero no más. Jamás hablé con él. Lamentable.

El martes pasado, mi novia estaba yendo al funeral, y quería acompañarla. Ella, aunque más que yo, tampoco lo conocía mucho, pero le parecía apropiado ir, habiendo sido compañera del muerto. Yo la quería acompañar porque sabía que iba a ser difícil para ella en más de un nivel. La muerte no es fácil para nadie, en fin.

Llegué al funeral un tanto tarde, pero con suficiente tiempo para escuchar la mitad, y lo más importante: era un buen pibe. Todos los presentes lo querían mucho. Posiblemente fui el único en no llorar, y (si se me permite) el de menos pesar. Pero no pude huir de la noción que una buena persona había muerto, y eso era triste. Aunque tal vez menos que los demás, estaba triste.

Volvimos todos al colegio. Sabía que estaban organizados para armar mil grullas y colgarlas. O todas las posibles, supongo. Ya había visto el trabajo al mediodía, y mucha gente se había unido a la causa. Cuando llegamos y vimos el trabajo hecho tanto en presencia como ausencia de los chicos de la 1ª…era impresionante. Paralizante. Cajas y cajas, con”50″, “100”, “250” y otros números escritos al costado. También, una gran cantidad de grullas en hilos, listas para ser colgadas. Los chicos empezaron a trabajar de inmediato, aunque yo estaba anonadado, y un tanto confundido en cuanto a qué hacer. Tal vez no querían ayuda.

Más temprano que tarde, se dieron cuenta que la iban a necesitar. Y una avalancha equivalente a la dobladora de papeles se puso a trabajar. Algunos enhebraban, otros decoraban las grullas, otros las colgaban. Era un desquicio. El colegio cedió el espacio del primer bloque del turno noche para trabajar en las grullas, entre otros espacios más. Todos participaron, todos trabajaron, y el resultado fue bellísimo.

Al Cesar lo que es del Cesar. La dedicación de estos chicos es increíble.

No conocí a Eriko. Ni lo voy a conocer. Pero aún así, le hago un homenaje. Porque me enseñó algunas cosas.

Muchos no conocían a Eriko. Muchos olvidarán a Eriko luego de que quiten las grullas, eventualmente. Algunos tal vez antes. Estoy seguro que otros ni siquiera saben por qué hay grullas en el claustro central, o piensan “creo que alguien murió…lástima”.

Eriko no era famoso. No era notable para el vulgo, y por eso el vulgo no lo conoce. Yo no lo conozco. Pero aún así, lo quiero recordar. Porque aunque no era famoso, era una persona. Y como persona, era importante. Todos somos importantes. Y lo seguiremos siendo. Nadie vale, ni debería valer más que los demás. Claro, uno puede valorar más a otro, pero al final del día, es una persona. Y somos todos importantes.

Claro, de no ser por el colegio, o más aún, por mi novia, mi contacto ya casi nulo con Eriko sería absolutamente cero. Pero su muerte no hubiese importado menos por no haber escuchado de él, así como no escucho de muchos otros que mueren.

Es difícil expresarse sobre un tema tan delicado. No quiero ofender a nadie con mis opiniones, y en parte por eso demoré esta publicación. Al contrario, quiero agradecer a aquellos a quienes debo la oportunidad de rememorar a una persona y de acompañar a quienes más les pesa en su pesar. No es placentero, pero fue una experiencia singular. Les deseo lo mejor, a todos ustedes, conozcan o no a Eriko. Que tengan mucha suerte en su futuro.

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Autor: ZebaSz

Un joven multi-entusiasta, geek, aficionado por la música, y otros

2 comentarios en “A un extraño, con mil(es) grullas”

  1. Gracias por tu comentario. Soy padre de uno de los chicos compañeros de ERIK.
    Si por muchos motivos  valió la pena lo que los chicos hicieron, es tambien por tu comentario.
    Si todo sus esfuerzos que fue mas que nada una forma de hacer el duelo y desahogarse, sirvió para que vos escribieras y sintieras lo que sentiste, entonces valio la pena. Y valio tanto la pena, que por lo que hicieron, ERIK, mas allá de la desgracia de su perdida, quedará en el recuerdo de aquellos que como vos nunca lo conocio.

  2. Wau bldo, te toco. Me hizo acoradar mucho una situación parecida. Ayer hizo exactamente dos años que el mejor amigo de mis rpimos se fue. El chabon se amto cn la moto, tenía 20 o 19 años. Una mierda la verdad. La cuestion es q yo apenas lo conoci, pero era un re buen pibe y ver a mi prima y a mi primo tan hechos mierda, me pegó, al igual q m pegó cuando me entere las cosas q el chabon tenia planeadas para el futuro mas inmediato.
    En fin, fue un experiencia singular, pero q me dejo un monton de cosas. Lo de Erik tambien. 17 años, seba, 17. Sabes todo lo q tenia para hacer ese chabon, todo lo que le quedó. Tremendo. Por eso, vivamos bien siempre que podamos y que no nos importe nada.

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